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lunes, 19 de diciembre de 2011

Secretos de los directivos más importantes del mundo


Steve Jobs, Bill Gates, Mark Zuckerberg y todos los CEOs del mundo, tienen (o tuvieron) cinco elementos en común ¿Cuáles son?

¿Qué tienen en común nombres como Steve Jobs, Bill Gates, Carlos Slim, Mark Zuckerberg, Larry Page, Sergey Brin y Warren Buffett? Que todos fueron estupendos CEOs de sus compañías y cumplían con las características necesarias para llegar al éxito.

Pero ¿cuál fue el camino para alcanzar esta instancia? Varios CEOs destacados de la historia, antes de ocupar los altos mandos, tuvieron que sortear complejos obstáculos y demostrar con hechos más que con promesas que eran capaces.

Al revisar sus biografías parece todo fácil: jóvenes de esfuerzo que se lanzan al mundo de los negocios con lo que mejor saben hacer. Perdiendo algunas veces, pero ganando la batalla más importante, aquella que los encamina al éxito.

Sin embargo, en la práctica todo es más complejo. Luchar contra 500 empleados o miles de personas en un sector, que persiguen el mismo objetivo, y cada una de ellas con características distintas, parece una tarea casi imposible.

La pregunta que surge luego de repasar sus historias es ¿qué los hace diferentes? Es decir, qué capacidades tienen ellos que no posea el resto de sus similares. Por qué ellos y no tú.

A juicio de Adam Bryant, subdirector del New York Times, se trata de una mezcla de de varias habilidades como la imaginación, la actitud y los nervios.

Con el objetivo de buscar el denominado “factor X”, el CEO de diario estadounidense entrevistó a más de 70 directores ejecutivos y otros líderes de la columna semanal que venía realizando hace varios años. Trabajo que le permitió encontrar cinco elementos que se repetían una y otra vez entre todos aquellos genios. Estos fueron los resultados:

Los cinco secretos

Curiosidad
Muchos directores ejecutivos exitosos son “apasionadamente curiosos”, dice Bryant. Se trata de una parte de ellos que rara vez es visto en los medios de comunicación y que nace de forma natural en ellos.

Muchas de estas personas se preocupan de cosas que nadie quiere saber: se preguntan por qué las cosas funcionan de la manera que lo hacen y si las cosas se pueden mejorar, averiguan las historias de la gente que trabaja con ellos y sus clientes.

“Es este cuestionamiento incesante que lleva a que los empresarios descubran oportunidades y los ayuda a comprender a las personas que trabajan para ellos, y cómo hacer que trabajen juntos de manera efectiva”.

Se describen a ellos mismo como “estudiosos de la naturaleza humana”.

Aguerrido
Muchas de estas personas tienen admirables historias de superación, de años luchando contra la adversidad, lo que les permite aprender de las experiencias vividas. Muchos de ellos han lidiado con el fracaso una y otra vez, pero tienen también la respuesta para superarlo.

“Los CEOs parecen impulsados por una fuerte ética de trabajo forjado en la adversidad. A medida que avanzaban en las organizaciones, la actitud sigue siendo la misma: este es mi trabajo, y voy a poseerlo. Debido a esa actitud, son recompensados con más desafíos y promociones”, comenta Bryant.

Equipos de trabajo
En algún momento, la idea de ser un “jugador” que forma parte de  un equipo se devaluó en el sector corporativo. Sin embargo, para los CEOs, es una ley. Ellos entienden cómo funcionan los equipos de trabajo y cómo sacar el máximo partido al grupo, dependiendo de las capacidades de cada uno.

Para el subdirector de NYT, esta inteligencia tiene que ver con la capacidad de reconocer las necesidades de los jugadores de tu empresa y la manera de reunirlos en torno a un objetivo común.

Sencillez
No hablamos de la sencillez personal, sino de ser simples en nuestro trabajo. Los altos ejecutivos, así como los clientes, quieren que seas sencillo, que vayas al grano, que seas conciso.

Según Adam Bryant, “pocas personas pueden ofrecer la simplicidad que los jefes quieren. Por el contrario, asumen erróneamente que ellos se sentirán impresionados con una larga presentación de PowerPoint o largos comentarios sobre algunos proyectos.

Los ejecutivos en posiciones de autoridad son claros en decir lo que quieren.

Sin temores
¿Te gustan las situaciones donde no hay una ruta específica o no sabes donde vas a parar? Esa es una pregunta que todos los grandes CEOs de la historia se han hecho alguna vez en sus vidas. En otras palabras ¿Soy valiente para asumir retos?

A menudo, la toma de riesgos se asocia con los empresarios arriesgando en los negocios, pero la toma de riesgos es un estilo de vida que muchos ejecutivos encarnan y buscan fomentar en los demás.

La buena noticia es que estos rasgos no son genéticos. Están desarrolladas a través de la actitud, el hábito y la disciplina, factores que te ayudarán a convertirte en el mejor líder.


Fuente: Altonivel

9 cosas que las personas exitosas hacen diferente

Ser realista y concentrarse cada día en mejorar, son algunas cosas que destacan a los líderes del resto de las personas.


Todos los profesionales aspiran a alcanzar el éxito de manera rápida y fácil. Lamentablemente, esto no siempre es así, ya que la gran mayoría tiene que trabajar duro para conseguirlo, aunque pasen muchos años.

Es por eso que la psicóloga motivacional, Heidi Grant Halvorson, publicó en Harvard Business Review las nueve cosas que la gente exitosa hace de manera diferente, para que sepas exactamente lo que debes realizar para obtener el anhelado éxito en tu trabajo.

1. Sé específico
Cuando fijes una meta, sé lo más específico posible. Esto te permite conocer exactamente lo que quieres lograr y te mantiene motivado hasta que lo consigas.

2. Aprovecha el momento para actuar en tus objetivos
El logro de tu meta significa agarrar todas las oportunidades que se te presenten, antes de que desaparezcan. Decidir cuándo y dónde se llevará a cabo la acción que deseas tomar es precisamente aprovechar el momento por adelantado. Para esto, también tienes que ser lo más específico posible.

3. Saber exactamente qué tan lejos dejaste de ir
Para que logres tu meta, debes realizar un control honesto y regular de tu proceso. Si no sabes cómo lo estás haciendo, no podrás implementar estrategias para cambiar tu comportamiento.

4. Sé realista y optimista
Creer que puedes lograr tu meta es muy útil para mantener tu motivación. Aún así, no debes subestimar lo difícil que puede ser alcanzarla. Para cumplir con tus objetivos requieres de tiempo, planificación, esfuerzo y persistencia.

5. Concéntrate en mejorar, en lugar de ser eficiente en lo que haces
Lo fundamental es que pienses en que puedes seguir mejorando tu capacidad en el trabajo, desarrollando y adquiriendo nuevas habilidades. Así, podrás tomar mejores decisiones y alcanzar tu máximo potencial.

6. Ten valor
Esto es, la voluntad de comprometerse con metas a largo plazo y de persistir ante la dificultas. Las personas valientes obtienen más educación en su vida y mejores promedios en la universidad. Lo anterior, sumado al esfuerzo, la planificación, la persistencia y las buenas estrategias es lo que realmente necesitas para tener éxito.

7. Fortalece el músculo de la fuerza de voluntad
Si lo entrenas regularmente, crecerá más y más fuerte y podrás alcanzar tus metas con éxito. Para esto, tienes que asumir un reto que requiera que realices algo que preferirías no hacer, para que aprendas una nueva habilidad.

8. No tientes a la suerte
Debes respetar tu plan de acción y no entusiasmarte con cumplir nuevos objetivos si no has terminado el que te propusiste al inicio.

9. Concéntrate en lo que vas a hacer y no en eso que no harás
Planifica en cómo lograrás tus objetivos y en lo que harás para conseguirlo.

Fuente: Altonivel

lunes, 19 de septiembre de 2011

¿Le tienes miedo al éxito?

Muchas personas se niegan a sí mismos la posibilidad de alcanzar el éxito debido a sus propios temores. ¿Cómo saber si eres uno de ellos?

En una sociedad tan competitiva como la actual, donde constantemente estamos obligados a demostrar que somos mejores que el resto para elevar nuestra la calidad de vida y el aprecio de otros, no tiene cabida la palabra fracaso.

La mayor parte de las personas celebra sus triunfos, más ahora con la aparición de las redes sociales, donde nos enteramos cada vez que un amigo o compañero de trabajo se compra un departamento o consigue un ascenso.

Sin embargo, aunque parezca paradójico, existe otra parte de la población que los oculta, es más, los evita. Se trata de un tipo de personalidad a la que le gustaría ser exitoso, que tiene todas las capacidades para lograrlo, pero que por distintas razones, teme serlo.

Según los psicólogos laborales el miedo al éxito se relaciona con el deseo de mantenerse en una “zona de confort”, donde estamos en “lo conocido”. Quienes temen al éxito sabotean los momentos en que están cerca de conseguir algo por lo que han trabajo mucho.

¿Por qué hacen esto? La principal tesis indica que alcanzar el éxito implica desafíos más difíciles, enfrentarse con los mejores y, por tanto, un mejor desempeño de nuestra parte.

Los temerosos

Las personas que tienen miedo al éxito cuentan con ciertas características en común. En general, se trata de personas que prefieren posiciones en donde lo pasan bien y no aceptan otras en donde quizás pierdan la satisfacción y tranquilidad diaria.

Son quienes buscan la satisfacción en el trabajo, la satisfacción interna, por decirlo de cierto modo, pasarlo bien. Quizás no tienen miedo al éxito y simplemente en lugar de buscar el bienestar profesional, es decir, alcanzar sus objetivos en esa área, se enfocan en el “éxito interior”.

En palabras simples, se trata de personas que se “autorelatan” un cuento que no les permite desarrollar todo su potencial y talento. El contenido de dicha historia suele sabotear tus grandes objetivos, lo que termina convirtiéndose en una muy buena excusa personal.

En sí no es algo malo si se hace de forma consciente, pues es natural que algunas personas no se interesen en el dinero, sino que prefieran estar bien con su familia y su entorno. Pero suele ser negativo cuando no es intencional, es decir, que una persona trate que poner su esfuerzo en conseguir las cosas, pero que nunca lo logre, sin saber además el motivo.

¿Cómo superarlo?

Lo positivo es que el temor al éxito se supera. El primer paso para lograrlo es encontrar el origen del sabotaje, el momento en que la persona aprendió ese “cuento”.

Luego, debemos reconocer qué es lo que creo que ocurrirá si somos exitosos y comenzar a generar acciones que permitan sacar a flote los talentos, soltando las aprehensiones que nos limitan. Es importante, cada vez que se identifique un obstáculo impuesto por nosotros mismos, buscar acciones que inhabiliten dicho el mal juicio.

Otra opción es definir qué es tener éxito para ti y en función de eso podrás decidir qué hacer a continuación. Porque a lo mejor lo que te da más miedo se corresponde a una definición de éxito que no es la tuya.

Por otro lado, debes identificar tus prioridades. Si tienes claro qué es lo que verdaderamente te importa, te resultará más fácil tomar medidas para que esas prioridades no se vean muy afectadas. Quítate de la cabeza la imagen de la mujer de éxito sin hijos; si quieres tener hijos hazlo tu prioridad y modifica lo que necesites para conseguirlo. No te arrepentirás porque es tu prioridad.

Para casos más complejos, el coaching y el mentoring son una buena opción; no obstante son pocos los que llegan a ese punto.

Por último, la psicóloga Lilia Pankowski llama a "creérsela y sentirse merecedores de que pueden ganar y no autosabotearse con el miedo al éxito".


Fuente: Altonivel


lunes, 10 de mayo de 2010

Cómo educar a los hijos para que tengan éxito en la vida: un cuento revelador.

Una de las claves del éxito personal es la actitud positiva con la cual las personas enfrentan las diferentes situaciones en la vida. Sin embargo, es una cosa saber que hay que tenerla y una muy diferente el de realmente poseerla cuando enfrentamos desafíos en la vida.

Es porque nuestra manera de ver la vida depende mucho de nuestras experiencias anteriores. Si fueron buenas, es más probable que también enfrentemos situaciones desconocidas con más confianza, ya que no vamos a estar esperando un mal resultado.

Por eso es tan importante que nuestros hijos tengan experiencias de éxito. Estas los van a condicionar a ver la vida con una actitud positiva, ya que el crecimiento personal verdadero solo viene cuando uno es enfrentado con un desafío en la vida y logra superarlo con éxito.

Lamentablemente, la educación que nuestros hijos reciben no siempre cumple con ésta área tan importante en el desarrollo personal de las personas.

La siguiente historia ayuda a entender lo importante que es enfocarse y desarrollar las fortalezas de los niños para que tengan éxito en la vida:

Una historia antigua cuenta de la creación de una escuela para animales. En ésta escuela, todos los animales debían tomar los mismos cursos: volar, nadar, escalar y correr. Entre los estudiantes había un pato, una ardilla voladora, un zorro y un elefante.

Al pato le iba de maravillas en el ramo de natación y de volar, porque eran sus fortalezas, pero estaba al final del curso en los ramos de escalar y correr, así que les prestó atención especial a esos dos ramos. Sin embargo, sus patitas le empezaron a doler tanto por tratar de correr más rápido y sus alas estaban tan destartaladas por tratar de escalar, que al final del año repitió estos dos ramos y además solo logró sacar notas regulares en nado y vuelo, que habían sido sus fortalezas a principio de año.

La ardilla, en cambio, fue la mejor alumna en el curso de escalar y correr, y tenía el segundo lugar en el ramo de volar, después del pato. Sin embargo, su debilidad era la natación. Durante el transcurso del año escolar perdió muchas clases porque le dio una neumonía en las clases de nadar y repitió todo el año. Además era muy habladora e inquieta, razón por la cual fue diagnosticada con un problema de aprendizaje. Para poder seguir en la escuela, tuvo que tomar horas recuperativas y se le prescribieron medicamentos para mejorar su concentración.

El zorro demostró tener habilidades extraordinarias en la clase de correr y también le fue relativamente bien en la de escalar y de natación. Sin embargo, se frustró tanto en sus intentos de volar que comenzó a agredir a sus compañeros. Incluso trató de comerse al pato. Debido a su comportamiento revoltoso, fue expulsado del colegio.
Se juntó con una pandilla de animales malos y terminó en un centro de rehabilitación para animales delincuentes.

Mientras tanto, el elefante desarrolló una autoestima muy baja, ya que le iba mal en todos los ramos. Cuando se vio sumido en una profunda depresión clínica, su terapeuta sugirió que se cambiara a un colegio diferente que se enfocaba en ramos como levantar y transportar. El elefante estaba decepcionado, ya que las carreras en levantar y transportar no eran de tan alto prestigio como las carreras de volar, nadar, escalar o correr. A pesar de que se sintió inferior a los demás durante toda su vida, logró tener un salario digno y pudo mantener bien a su familia.
Esta simpática historia nos puede parecer irrisoria, sin embargo, encierra una verdad que no podemos negar. Describe de muy buena manera el daño que puede ocasionar una educación genérica que no respeta las fortalezas individuales de cada persona.
Cuando una persona no tiene éxito en su vida porque constantemente se le está exigiendo hacer algo que simplemente no es capaz de lograr, la condicionamos para el fracaso. Tenemos que exigirles sin apagar su espíritu.

Una vez que se dañe el espíritu de una persona, su actitud hacia la vida ya no va a ser positiva.

Espero que esta historia les ayude si tienen hijos que simplemente no encajan en el colegio. Usted le puede ayudar a descubrir sus fortalezas y habilidades únicas y ayudarle a enfocarse en ellas en vez de tratar de fomentar sus áreas débiles.

Un buen ejemplo es Drew Perry, el hijo de Rhea Perry, quien se hizo millonario a los 21 años. Fue un niño que en el colegio hubiera sido un niño "problema". Según Rhea, lo único que sabía hacer con un lápiz en la mano era sacarle la punta. Sin embargo, hoy en día es buscado por corredores de bienes raíces que son bastante mayores que él para que les enseñe su método de vender casas en ebay.

Aprendamos todos de ésta lección y evitemos someter a nuestros hijos a sufrimientos innecesarios que los pueden perjudicar para el resto de sus vidas.

Puede leer qué métodos Rhea utilizó para educar a Drew en un ebook gratuito que puede obtener en http://educacionparaelexito.com/.

Fuente: http://EducacionParaElExito.com

lunes, 14 de septiembre de 2009

Las desventajas, a largo plazo, del éxito instantáneo!

Toda empresa sueña con crear un producto que dispare su popularidad inmediatamente después de llegar al mercado. Una nueva investigación de Wharton, sin embargo, muestra que los productos cuyo éxito es muy rápido pierden popularidad después de un cierto tiempo.

Con el objetivo de explorar patrones de adopción “y abandono culturales”, Jonah Berger, profesor de Marketing de Wharton, y Gael Le Mens, profesor de Economía de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, rastrearon la popularidad de los nombres propios en Francia y en Estados Unidos a lo largo de cien años.

Los nombres que más rápidamente alcanzaron popularidad, constataron los autores, fueron también los que más deprisa perdieron popularidad ante el público.

“Muchas veces vemos productos, ideas y comportamientos [...] que corren como la pólvora”. Nuevos productos de alta tecnología o videos de YouTube, antes desconocidos, se vuelven inmensamente populares”, observa Berger. “Sin embargo, poco sabemos sobre por qué productos de éxito se vuelven impopulares”.

En una investigación titulada “Cómo la velocidad de adopción afecta el abandono de gustos culturales” [How Adoption Speed Affects the Abandonment of Cultural Tastes], los autores analizaron no sólo la popularidad de nombres en puntos determinados del tiempo, sino también la velocidad con que son adoptados —y evitados— por los padres. Por ejemplo, los nombres Charlene, Tricia y Kristi alcanzaron niveles elevados de popularidad, fueron usados en cerca de un 0,20% de todos los bebés de sexo femenino en EEUU en periodos diversos a lo largo de los últimos cien años—, pero acabaron alejándose del gusto popular. Pero Charlene, un nombre que empezó a gustar a partir de 1910 y llegó a la cima de popularidad alrededor de 1950, perdió su atractivo menos rápidamente y fue usado para un número mayor de bebés en el cómputo general. Kristi creció más rápidamente que Charlene y llegó a su punto máximo de adopción en 1970, sin embargo fue abandonado más rápidamente. Tricia, que creció en popularidad en 1970, ya había sucumbido a niveles inferiores a Charlene y Kristi alrededor de 1980.

Los autores analizaron los primeros nombres en un intento de descubrir patrones de popularidad, ya que la elección de un nombre no responde a llamamientos tecnológicos o a otros efectos comerciales. Los nombres son también buenos sustitutos para productos y servicios que soportan significado simbólico sobre su identidad, dice Berger. Aunque la popularidad de una marca de nevera dependa, tal vez, de cambios tecnológicos o de la calidad del producto, otros productos, como coches y ropa, por ejemplo, generalmente transmiten un significado simbólico sobre la identidad del comprador.

“La mayor parte de los gerentes quiere que su producto tenga éxito muy deprisa, sin embargo, nuestro análisis muestra que ésa, tal vez, no sea la mejor estrategia”, observa Berger. “Si alguna cosa tiene éxito muy deprisa, es probable que su tiempo de vida sea no sólo breve, sino también menos exitosa en general. La rápida adopción de un producto puede comprometer su éxito”.

Las modas suelen ser vistas con un sesgo negativo, resaltan los autores. “Si las personas creyeran que esa popularidad cada vez mayor va a durar poco, es posible que eviten el producto en cuestión para no embarcarse en algo que, en el futuro, será considerado flor de un día”.

100 años de nombres

Berger y Le Mens analizaron, de entrada, la velocidad con que se adoptaban miles de nombres, y luego se abandonaban, en Francia en el transcurso de los últimos 100 años. Un nombre era considerado abandonado cuando caía un 10% en relación al porcentaje máximo que había alcanzado. El análisis de los autores mostró que los nombres con mayor llamamiento popular tendían a perder fuerza más deprisa, incluso después de controlar factores como la novedad. Además de eso, si un nombre alcanzaba un porcentaje de popularidad un 10% más deprisa, su tasa de caída era un 12,5% mayor. Un análisis semejante de nombres americanos llegó a los mismos resultados.

Para entender mejor la razón de tales patrones, Berger y Le Mens hicieron otra experiencia en la que 661 futuros padres americanos participaron en una investigación online sobre nombres de bebés. Los entrevistados recibían una lista con 30 nombres y tenían que responder cuál era la probabilidad de que escojan uno de los nombres presentados para su hijo.

Aunque los padres que participaron en la investigación no tuvieron acceso a ninguna información sobre la popularidad de los nombres en cuestión, se constató que no tenían gran interés en nombres que habían crecido significativamente en popularidad en los últimos tiempos. Tal efecto, además de eso, fue impulsado por una reflexión en torno al significado simbólico. Se pidió también a los entrevistados que dijeran cuáles de aquellos nombres consideraban una moda pasajera, y si eso los llevaría a sentirse menos atraídos por nombres que estaban poniéndose de moda muy deprisa. “Viajes internacionales, programas de televisión y el diálogo con otros padres dan una idea sobre el grado de popularidad de un nombre y con qué velocidad ese nombre se hace popular”, dice Berger. Las personas “intuyen esa información. No es nada perfecto, pero las personas tienen una idea”.

La investigación sobre adopción y abandono de un nombre pone en jaque algunas presuposiciones sobre la difusión de un determinado mensaje y su grado de saturación entre el público. Éste es un concepto importante de marketing. A medida que el mensaje se esparce —o es difundido— entre la población, alcanza un número mayor de posible adopción. Pero los modelos de difusión se extienden, por norma, por un grupo de población de tamaño específico. Para entender el funcionamiento de la adopción y del abandono de nombres, los investigadores trabajaron con una población que en breve debía dar un nombre a su hijo. Ese grupo se renovaba todos los años. Intervienen otros factores, además de la difusión y de la saturación, observan los autores. “La velocidad de adopción es uno de esos factores”.

El estudio destaca, de acuerdo con el sentido común, que si un mensaje fuera difundido rápidamente por una población, aumentaría el probable número de personas que lo usaran, mejorando las perspectivas de empleo generalizado. “Los nombres empleados más rápidamente son usados por un número menor de personas”, observa el estudio. “El efecto de la velocidad de uso sobre el número acumulativo de nacimientos de un nombre específico [...] muestra que la velocidad de utilizarlo tiene un efecto negativo sobre el número acumulativo de usos”.

El estudio da ejemplos, en la industria de la música, de nuevos artistas que llegaron a las primeras posiciones del ranking de los álbumes más vendidos, pero cuyas ventas son menores que las ventas de aquellos cuya popularidad crece más despacio. “Ese descubrimiento aparentemente contrario a la intuición, tiene implicaciones importantes. Una de ellas es que el uso más rápido no sólo está asociado al abandono más rápido, también puede perjudicar el éxito de modo general”, observan los autores.

Parecido, sin embargo diferente

De acuerdo con Berger, la actitud de los padres en relación al nombre que desean poner al hijo refleja la existencia de una tensión fundamental entre el deseo del individuo de adecuación y de conformidad con el pensamiento de otras personas, conservando, sin embargo, al mismo tiempo, una identidad propia. “Queremos ser al mismo tiempo parecidos y diferentes. No queremos ser la única persona que use una camisa de lunares rojos y el pelo totalmente despeinado, nadie se viste así. Al mismo tiempo, sin embargo, no queremos usar exactamente las mismas cosas que usan todos en la oficina”. De igual modo, ningún padre quiere el hijo encuentre en su clase 16 niños con su mismo nombre, añade.

Según los autores, su investigación pertenece a una literatura creciente sobre “dinámica cultural”. Al “examinar con más detenimiento los procesos psicológicos que hay detrás de la elección individual y de la transmisión cultural, se puede obtener un conocimiento más profundo sobre los resultados procedentes de la relación entre el comportamiento individual (micro) y colectivo (macro)”, observan.

El estudio cuestiona el modo en que los descubrimientos sobre la adopción de nombres encajan en una comprensión más amplia del declive cultural en popularidad en que los factores externos, como características tecnológicas y de marketing, participan en la dinámica de la adopción y del abandono. Los autores observan, por ejemplo, que la publicidad puede llevar a la adopción rápida de un producto, sin embargo, la popularidad del producto o servicio anunciado podrá entrar en declive cuando ese soporte desaparezca o sea sustituido. “Por más importantes que sean, nuestros resultados muestran que, independientemente de la causa, un aumento rápido de popularidad tiene un efecto de aceleración del abandono”, observan los autores. “En ese sentido, anticipamos que habrá una tendencia inherente para los productos que fueron adoptados rápidamente de entrar en declive más deprisa, incluso en los casos en que la publicidad persiste”.

A fin de cuentas, ¿estará Berger sugiriendo que las empresas deberían presionar menos para que un producto gane popularidad? El autor dice que la respuesta depende de lo que se está vendiendo. Para productos muy funcionales, que no reflejan una identidad cultural muy fuerte, como en el caso de las unidades del disco duro, el riesgo de una popularidad excesiva es pequeño inmediatamente al principio. “Se debe, sin embargo, pensar sobre el asunto en campos que son utilizados por las personas para comunicarse con otros”, dice. “No estoy sugiriendo que un gerente no deba querer de ninguna manera que un determinado producto o servicio se vuelva popular, o que tarde mucho en tener éxito. Pero el éxito demasiado inmediato puede ser perjudicial. Nadie va a querer que un producto tenga éxito muy deprisa, para que las personas no digan: “Hoy en día es un éxito; mañana, nadie se volverá a acordar'”.

Fuente: wharton.universia.net