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jueves, 17 de septiembre de 2009

La crisis terminó con el 18% de los millonarios en el mundo

Según un estudio, el número total se redujo a 9 millones. Asimismo, se contrajo casi un 12% la riqueza mundial. Cuáles fueron los países más afectados.

La recesión del 2008 causó la primera contracción mundial en activos bajo gestión en casi una década, según un estudio que constató una caída de la riqueza de un 11,7% a u$s92,4 billones. Y esto le costó su posición al 18% de los millonarios del mundo.

Según el informe realizado por Boston Consulting Group (BCG), que examinó bienes supervisados por la industria de gestión de activos, el regreso a los niveles de riqueza del 2007 llevará, al menos, seis años.

En la misma línea, el estudio indicó que la recesión de la economía también se llevó por delante a muchos ricos que habían hecho inversiones arriesgadas durante el auge económico.

De esta manera, el número de millonarios en todo el mundo cayó un 17,8% a 9 millones.

Europa y Norteamérica fueron los más afectados en este aspecto, con un descenso de un 22 por ciento.

¿Dónde se redujo más la riqueza?



Norteamérica, particularmente Estados Unidos, fue la región más afectada, con una caída de la riqueza del 21,8% a u$s29,3 billones, influenciada, sobre todo, por el desplome de las acciones de Wall Street en el 2008.

Asimismo, centros de gestión de fortunas como Suiza y el Caribe también se vieron muy golpeados. Los activos en esos lugares cayeron desde los u$s7,3 billones en el 2007 a u$s6,7 billones en el 2008, una retracción de un 8 por ciento.

La crisis ha "sacudido la confianza de una forma que no hemos visto en mucho tiempo", explicó Bruce Holley, socio y director general de la oficina en Nueva York de BCG, informó Reuters.

El estudio prevé que los activos en manos de firmas de gestión de riqueza no volverán a los niveles del 2007, de u$s108,5 billones, hasta el 2013.


Fuente: iprofesional.com

viernes, 28 de agosto de 2009

Bienvenido a la 'Era de la Colaboración'

Sepa como conducir a sus empleados hacia un nuevo escenario que mezcla economía, tecnología y comunicación.

Tras los rastros dejados por la crisis económica, se ha gestado una revolución que supone un cambio total en la estructura de la economía: una nueva forma de crear valor, de hacer negocios, con más información y una mayor interdependencia global.

Esta compleja situación es a lo que muchos expertos han denominado la "Era de la Colaboración". En ella, lo importante no es sólo tecnología, sino las conversaciones, lo que piensan las personas, es decir, sus esquemas mentales y cómo se comunican y relacionan.

Dentro de este contexto, resulta trascendental para alcanzar el éxito de una empresa, que sus líderes capaciten a sus empleados, en colaboración masiva, gestión del talento, incluyendo la integración de nuevas estructuras sociales en la red como Twitter y Facebook.

Para posibilitar un avance hacia este nuevo enfoque, es imprescindible seguir los siguientes consejos:

Es el momento de reinventarse
El ingenio y la creatividad deben volcarse en conseguir con menos recursos, mejores resultados. La comunicación es su mejor aliado para posicionarse en el mercado, por ende, es el momento de revisar qué se está haciendo, y del asesoramiento por parte de consultores expertos en comunicación para planificar una nueva estrategia.

Manual de Crisis
Los expertos señalan que ha llegado la hora de pensar en integrar, a las diversas organizaciones, un "Comité de Crisis", dedicado a adelantarse a estos procesos y evitar que los perjuicios sean demasiado grandes.

Nuevas oportunidades
¿Por qué no introducir herramientas digitales de información continua? Déjese asesorar para dar paso a los nuevos canales y herramientas que permiten plataformas como Web, P2P o dispositivos móviles (wiki, blog, grupos de discusión, organizadores de proyectos, video conferencias, etc).

Despierte la comunicación interna
No se trata de un email de vez en cuando, una nota en el tablón de anuncios, una comida o evento anual. Los empleados son su principal público, deber atraer y retener el talento, y para ello tener una estrategia de comunicación interna que motive e involucre al equipo.

Apueste por la Confianza, Credibilidad y Comunicación
Si quiere cuidar su reputación no hay otra vía que comunicar. Intente no alejarse de esta regla de oro de la "triple C".

Fuente: altonivel mexico

miércoles, 26 de agosto de 2009

¿Cómo cuidar mi empleo en tiempos de crisis?

(Recomendaciones sobre Imagen Personal)

Sin duda, una de las herramientas más poderosas con las que contamos en tiempos de crisis es nuestra imagen. No obstante, esto va más allá de portar un buen traje o contar con un maquillaje impecable. Lo que se busca es manejar una imagen integral que proyecte credibilidad y confianza.
Equilibrar aspectos como la presencia física, las palabras, el lenguaje no verbal y la actitud, resulta un arte. Y precisamente ahora que estamos atravesando por una recesión internacional, es fundamental saber vendernos para cuidar nuestro trabajo.
Por ello, cito a continuación algunas recomendaciones que, sino lo son todo, definitivamente sí nos pueden ayudar.

Invierte en tu Imágen
Recordemos que Imagen es Percepción y en la manera en la que nos perciban los demás, será el éxito o fracaso que tengamos. Por lo tanto, es recomendable poner especial atención a nuestra persona. El hecho que una persona transmita una imagen profesional implica para una empresa compromiso por parte de su colaborador.

Actitud Segura y Positiva
Con las diversas declaraciones que se escuchan en medios masivos de comunicación sobre la crisis mundial que estamos atravesando, existen personas que se bloquean, se deprimen y se asustan. Y esta actitud se la llevan al trabajo. Lo que en realidad se necesita en las empresas, son colaboradores positivos y seguros. Se valora más una actitud optimista que una pesimista. Nos sentimos más a gusto con una alguien que ve soluciones a con una persona que sólo habla de problemas y obstáculos.

Enfoque a Resultados
Suele suceder que en nuestras actividades diarias, surjan situaciones que nos puedan distraer más de lo normal. Ahora más que nunca es esencial cuidar el enfoque hacia nuestro trabajo y, sobre todo, la razón para la que fuimos contratados. Toma la iniciativa, busca innovar. Esto habla de liderazgo. Si nosotros damos resultados y, además, realizamos proyectos que para nuestra empresa impliquen un ahorro tangible o un ingreso significativo, difícilmente prescindirán de nuestros servicios.

Trabaja en tus Relaciones Públicas
Hay un dicho que dice “santo que no es visto, no es adorado” y en el ámbito laboral esta frase se aplica, indudablemente. Ser una persona sociable, nos puede abrir oportunidades impensables. De lo contrario, el que nadie sepa quiénes somos, qué hacemos o que, tal vez, nunca se hayan fijado que existimos, sí puede ser preocupante. Aún en recortes de personal, se valorará más a una persona con quien hayamos tenido cierto contacto que a una que ni siquiera conocemos. Por lo tanto, no pases inadvertido.
Pongamos en práctica estas recomendaciones en imagen y de esta manera obtendremos mejores resultados en nuestro trabajo.
En momentos de crisis, solo la imaginación es más importante que el conocimiento. (Albert Einstein)

jueves, 20 de agosto de 2009

La crisis pasa factura al dinero de plástico.

La crisis económica que ha estado castigando a los consumidores que antes contrataban alegremente el crédito que necesitaban, así como la vigilancia más estrecha por parte de los órganos reguladores, van a obligar a los emisores de tarjetas a volver a pensar su modelo de negocio a medida que la economía vaya recuperándose, según explican los profesores de Wharton y analistas de la industria del crédito.

Desde que Bank of America introdujo por primera vez las tarjetas de crédito en 1958, en California, la industria ha crecido y actualmente acumula en torno a 1.000 billones de dólares en créditos renovables, con más de 700 millones de cuentas en EEUU.

Durante el periodo de prosperidad económica, de 2005 a 2008, la fiesta del consumo alimentada por el crédito al consumidor empujó la tasa de ahorro de EEUU a prácticamente cero. En mayo, sin embargo, alcanzó la marca del 6,9% impulsada, en parte, por el pago de estímulo financiero hecho por el Gobierno a los contribuyentes el año pasado. En 2009, por primera vez en 40 años desde que la Reserva Federal monitoriza la industria, el crédito renovable caerá.

“Aunque no haya cambios en la legislación, las compañías de tarjetas de crédito van a introducir cambios en el sistema de préstamos. Ellas ya están estrechando la concesión de créditos y elevando las exigencias porque el riesgo también ha aumentado”, observa Nicholas Souleles, profesor de Finanzas de Wharton.

Souleles prevé que el futuro de la industria de tarjetas de crédito obedecerá, en gran medida, al esquema macroeconómico general. La caída actual del recurso al crédito por el consumidor se debe, en parte, a la mayor exigencia de los requisitos de crédito por parte de las emisoras de tarjetas presionadas por una tasa de incumplimiento superior a un 8%, dos veces más que el porcentaje registrado en 2006. Al mismo tiempo, la demanda ha disminuido, ya que el consumidor está menos dispuesto a asumir deudas debido a la incertidumbre en relación al valor de su casa y de otros activos, además de la inseguridad relativa a su permanencia en el puesto de trabajo.

Durante la reciente explosión del sector de la construcción de inmuebles residenciales, resalta Souleles, era comprensible que los dueños de inmuebles contrataran préstamos y ahorraran menos. “En el futuro [...] el acceso al crédito va a mejorar, sin embargo el deseo del consumidor de pedir préstamos puede que no vuelva a ser el mismo, y durante un buen tiempo, incluso después de salir de la recesión”, dice.

A corto plazo, la recién descubierta voluntad de ahorrar del consumidor podrá atrasar la recuperación económica, añade Souleles, ya que un 70% de la economía americana gira en torno a los gastos del consumidor. Con el tiempo, sin embargo, una tasa de ahorro más robusta podrá proporcionar el capital para inversiones en innovaciones que, en última instancia, va a generar empleos y mayor crecimiento económico, prevé Souleles.

Las emisoras de tarjeta de crédito buscan ahora nuevos modelos que atiendan a la realidad económica en esta fase de cambios, según explica Robert Stine, profesor de Estadística de Wharton, responsable de la organización del reciente congreso del Centro de Instituciones Financieras de Wharton [Wharton Financial Institutions Center] titulado Configurando el riesgo de crédito en el comercio después de la crisis subprime [Modeling Retail Credit Risk after the Sub-Prime Crisis]. Stine dice que las empresas del sector trabajaban con modelos sofisticados de riesgo de crédito que tienen relativo éxito hasta que se vieron golpeadas por la crisis económica y por el cambio de comportamiento del consumidor. La deuda hipotecaria, por ejemplo, siempre fue considerada sagrada por el consumidor, que insistía en pagarla incluso bajo una presión financiera terrible, para no incurrir en el riesgo de perder el inmueble. Pero en el momento en que se pasó a ver la casa propia más como una inversión, y no como un lugar para vivir y echar raíces dentro de una comunidad, la deuda hipotecaria perdió parte de su importancia cuando el valor del inmueble caía hasta cifras próximas o inferiores al montante del valor aún por finiquitar.

“La industria del crédito pasó a enfrentar el comercio más como un porfolio de activos”, dice Stine. “Cada cliente representa una colección de deudas, y el tipo de cliente varía según la manera en la que él trata esas obligaciones”.

Conociendo los prestatarios

Mientras tanto, las empresas de tarjetas de crédito crearon formas de evaluar a los candidatos. Sin embargo, no hicieron el ejercicio de manera completa, ya que no verificaron cuantas otras emisoras de tarjeta, o instituciones acreedoras, también habían concedido crédito al mismo candidato, dice Stine. “Aprendemos que no se puede pensar sólo en la tarjeta que estamos concediendo al individuo. Si el prestatario tiene varias líneas de crédito, eso va a hacer que el riesgo sea mayor que la posibilidad de que dispone la compañía de tarjetas de monitorizarlo”. Las instituciones acreedoras intentan suministrar ese tipo de información, pero en muchos casos no disponen de detalles suficientes sobre los acuerdos individuales que los acreedores tienen con un cliente que se atrasó en su pago, o no disponen de datos sobre su comportamiento en cantidad suficiente para prever de qué forma el individuo va a lidiar con su porfolio de crédito. Además de eso, hay leyes que limitan el volumen de información que puede ser obtenido por las instituciones de crédito, inclusive información sobre la renta del individuo.

En el futuro, dice Stine, las grandes instituciones financieras con relaciones diversas con sus clientes podrán monitorizar mejor la renta y los patrones de comportamiento con el objetivo de mejorar su capacidad de calibrar el riesgo. Incluso si, por ejemplo, una empresa no consigue información completa, ella podrá recurrir al historial de la cuenta del individuo para verificar el volumen de depósitos y con eso estimar su renta.

Stine observa que los medios antiguos de determinar el riesgo, principalmente la evaluación FICO creada por Fair Isaac Corporation para medir la solvencia del contratante, tuvieron éxito a la hora de determinar si un cierto individuo presentaba un mayor riesgo que otro. Pero un resultado de 600 puntos en el FICO puede representar un riesgo del 10% de insolvencia en un ciclo robusto de crédito, y un 40% en un contexto de crisis. “El FICO sigue siendo válido, pero no sabemos cómo usarlo”, dice Stine. “La puntuación en sí es interesante, pero la única manera de tomar una decisión de crédito consiste en asociarla al volumen de dinero que arriesgo en el momento en que alguien pasa a ser mi cliente”.

Los analistas de riesgo de crédito aún están en las etapas iniciales de un esfuerzo cuyo objetivo es intentar encontrar nuevos modelos que permitan juntar toda la información sobre los usuarios de tarjetas de crédito, de modo que puedan evaluar mejor el riesgo de impago, explica Stine. “Creo que los modelos estarán mejor construidos debido a la crisis”. Las empresas continuarán trabajando con modelos, porque son eficientes y capaces de lidiar con previsiones a gran escala, “que es mejor que hablar con una persona en una esquina del banco. Sin embargo, los modelos antiguos han perdido mucho su correlación con el mundo real. Creo que la industria está queriendo crecer y perfeccionarse, por eso deberá encontrar nuevas fuentes de datos que permitan alcanzar ese objetivo”.

El colapso económico y el cambio de Gobierno en Washington ya han tenido como resultado nuevos cortes de crédito en la industria de tarjetas. En mayo, el presidente Obama suscribió una ley que prohíbe a las emisoras imponer comisiones a los clientes que, por descuido, excedan el crédito disponible, limitando incluso las comisiones que las empresas podrán cobrar por los pagos atrasados. Además de eso, las compañías de tarjetas de crédito podrán elevar las comisiones sobre la deuda existente solamente si el consumidor paga su deuda con más de 60 días de atraso. La ley también limita el marketing dirigido a los menores de 21 años.

Nuevo ambiente regulatorio

El Gobierno Obama está trabajando junto con los miembros del Congreso en la creación de una Agencia de Protección Financiera del Consumidor que dará fuerza de ley al conjunto de medidas de protección a quien contrate crédito.

Souleles dice que es difícil criticar buena parte de la nueva ley de protección al consumidor porque requiere más transparencia e impone límites a las comisiones. Pero las cláusulas que limitan la posibilidad de las emisoras de tarjeta de fijar tasas propias son más complejas, porque —en tiempos de riesgo elevado— las empresas tal vez necesiten elevarlas para seguir en el mercado y continuar prestando, añade.

David Musto, profesor de Finanzas de Wharton, apunta a la existencia de un elemento de tensión en cualquier política que quiera lidiar con las dificultades propias del crédito al consumidor. Las consideraciones relativas a los préstamos abusivos deben ser tratadas teniendo como telón de fondo la cuestión de la restricción del flujo de crédito para la población de renta baja —o para poblaciones que viven en determinados barrios— y que está en condiciones de efectuar los pagos debidos y sacar provecho de los préstamos. Musto llama la atención sobre el debate en torno a la Ley de Reinversión en la Comunidad (CRA, según sus siglas en inglés), que exige a los bancos que presten a las poblaciones de los barrios donde captan depósitos, pero hacen relativamente pocos préstamos. La ley fue criticada porque contribuía al caos de la hipoteca subprime, ya que permitía a algunos compradores de viviendas contratar deudas mayores de las que podían soportar.

Al mismo tiempo, otros decían que la CRA ayudaba a las familias necesitadas a entrar en el rol de propietarios, permitiéndoles formar activos y contribuir, a largo plazo, al crecimiento económico, observa Musto. “Tal vez haya quien desee volver a pensar de qué forma los bancos podrían ayudar a las comunidades donde captan depósitos. ¿La CRA ha tenido un impacto negativo e imprevisto? Ese es un debate que no puede faltar siempre que esté vinculado a la cuestión del crédito al consumidor”.

Musto añade que buena parte de la infraestructura financiera que permitió el uso generalizado de las tarjetas de crédito está en una situación tensa porque el colapso financiero hizo imposible la titulización de la deuda de la tarjeta de crédito. “Es muy difícil colocar actualmente en un paquete la deuda de la tarjeta de crédito. La idea de que es posible colocar en un paquete los préstamos subprime y aislar el comprador del riesgo tendrá que volverse a pensar”.

Stephen J. Hoch, profesor de Marketing de Wharton, dice que las empresas de tarjeta de crédito y los consumidores bien informados iban por un camino que se acabó abruptamente con la congelación de la expansión del crédito. Las empresas de tarjetas recurrieron a la letra pequeña de los contratos y con eso consiguieron atraer incontables prestatarios que fueron endeudándose cada vez más, dice Hoch. Mientras tanto, el cliente que pagó sus cuentas en las fechas previstas todos los meses cosechaba los beneficios de la financiación gratis a corto plazo, realizaba cómodamente las transacciones de su interés y disfrutaba de otras ventajas como, por ejemplo, la obtención de millas aéreas, a cuenta de instituciones financieras que emitían tarjetas.

Para la mayor parte de los consumidores, dice Hoch, las tarjetas de crédito son importantes porque permiten a las personas aceptar préstamos que se pagarán en el futuro. “Con tal de que el futuro sea más prometedor que el día de hoy, tiene sentido, es normal y apropiado aceptar préstamos. Desafortunadamente, las personas se dejan dominar por un optimismo exagerado, o es que no entienden lo que son intereses compuestos”. Los usuarios de tarjeta sin experiencia o con muy poco conocimiento financiero en general se preocupan por la posibilidad de no conseguir soportar deudas de un cierto nivel, dice Hoch. Pero si una institución financiera de gran tamaño les ofrece crédito, estas personas suponen que “la empresa de tarjetas de crédito debe saber lo que hace”.

Las tarjetas de crédito no van a desaparecer de la noche a la mañana, añade Hoch. El dinero de plástico es más cómodo y agiliza el procesamiento de las transacciones. “Sin embargo, así como las personas ya no pueden usar su casa como hucha particular, tampoco pueden usar la tarjeta de crédito de la misma manera. La fase de crecimiento ha llegado a su fin, pero las tarjetas continúan estando por todas partes y no van a desaparecer”.

Una industria madura

Brian Riley, director de investigaciones de tarjetas bancarias de TowerGroup, consultoría de servicios financieros de Massachussets, dice que después de 40 años de crecimiento como consecuencia, en parte, del cambio de tecnología empleada en el sector, la industria de la tarjeta de crédito ha madurado finalmente.

La fuerza de la industria está en sus redes de pagos, que también se pueden adaptar para las tarjetas de débito, que utilizan el dinero ya existente en la cuenta del usuario, además de tarjetas de crédito del tipo prepagado. “La tarjeta de débito está eclipsando a la de crédito”, dice. “El cambio al débito es importante y se espera que la tendencia persista. En lo que concierne a la tarjeta de crédito, será más difícil conseguir una tarjeta y más difícil incluso mantenerla. La tolerancia será menor y el volumen de tarjetas disminuirá”.

La empresa de Riley estima que el crédito renovable caerá de 960 millones de dólares, en 2008, a un valor entre 777.000 millones y 885.000 millones de dólares en 2010, dependiendo de la gravedad de la recesión. En el futuro, dice Riley, las emisoras de tarjetas tendrán que sofisticar mucho los modelos de adquisición ofrecidos a los clientes de manera que haya un cuidado extremo en relación a la cuestión del historial de crédito y de pago del cliente, el volumen de su deuda y cuánto tiempo la empresa viene relacionándose con él.

“En vez de trabajar con cuentas de potencial de pérdidas elevado y de oportunidad limitada de generación de ingresos, se debe cerrar las líneas de clientes activos y sacarlos de la contabilidad de la empresa a través de una estrategia más dinámica de gestión de cuenta”, observó Riley en un informe titulado “Después de los ciclos de subida y de bajada: conduciendo la industria de tarjetas de crédito hasta el próximo ciclo de la economía”. Las emisoras de tarjeta de crédito “necesitan tener mucho cuidado a la hora de ajustar las cuentas. Es preferible tener una estrategia bien planeada a mano a crear políticas reactivas bajo presión”.

Stine enfatiza la naturaleza cíclica de la industria de la tarjeta de crédito, que ha pasado por un periodo de fuerte crecimiento y de rentabilidad, principalmente durante el último boom económico. Las tarjetas generaron beneficios fantásticos cuando el spread entre el coste del dinero y las tasas que las instituciones financieras cobraban a los prestatarios creció, dice Stine. El crecimiento generalizado de la actividad económica enmascaró los riesgos. Cuando el ciclo entra en fase descendente, el riesgo aumenta. “El impago no es obra de sólo una persona”, observa Stine. “Es obra de mucha gente. Hay un aspecto de contagio en eso”.

Los mejores modelos ya concebidos continúan siendo vulnerables a la interferencia humana, resalta Stine. La industria siempre ha trabajado con un escenario en que un trabajador especializado en riesgo se queja de la aparición de posibles problemas, además de compañeros que dicen: “Mire, acertamos el año pasado. Estamos obteniendo unas ganancias increíbles. ¿Por qué parar?”, dice Stine. “De pronto, parece que ha aumentado el número de personas atentas a lo que pasa”.

Fuente: wharton.universia.net

martes, 11 de agosto de 2009

Las claves que moverán el consumo tras la crisis

Esa imagen de la familia unida empujando con gran esfuerzo el carrito del hipermercado hasta el aparcamiento de coches empieza a formar parte del pasado.
Sin que por el momento exista ningún dato alarmista, la crisis está cuestionando la modernidad del formato que ha dominado la compra doméstica de gran consumo desde mediados de los años 90 a favor de los supermercados de proximidad y los especializados.
Los carros rebosantes que arrojaban las puertas automáticas de los hipermercados, y que tantas satisfacciones han dado en los despachos de la gran distribución, empiezan vaciarse.
Los datos del estudio TNS Wordlpanel lo constata: la crisis ha creado entre marzo-2008 y marzo-2009 un total de 79 millones de cestas de la compra adicionales, de las cuales el 71% se llenaron de productos de consumo inmediato, una compra que se realiza fundamentalmente en establecimientos de proximidad. En este mismo periodo, la cantidad por día de compra cayó el 3,3% y el gasto en el 1,5% (de 50,11 a 49,38 euros).
Este movimiento del consumo, se está experimentando en la mayoría de los países europeos con sistemas competitivos de distribución. En todos ellos se está observando un aún ligero desplazamiento desde el consumo de hipermercado al supermercado, que ya está afectando a las cuentas de resultados de las líneas híper de los grandes grupos de distribución. En opinión de José María Bonmatí, director general de Aecoc, “los datos muestran claramente que el consumidor está en constante proceso de adaptación y, por ello, la responsabilidad de las empresas consiste en situarse cada vez más cerca de él para no sólo adaptarse sino incluso adelantarse a sus necesidades”.
Son muchos los que piensan que el consumidor que renazca cuando la crisis desaparezca tendrá diferentes motivaciones.
Son muchos los que piensan que el consumidor que renazca cuando la crisis desaparezca tendrá diferentes motivaciones. Ya se sabe que el consumo ético y responsable es un valor en alza, que el rechazo a la opulencia favorece el canal Internet y las redes on line de compra en el punto de producción. Más obvio aún es que en la actual coyuntura la decisión de compra es mucho más sensible a la variable precio. Pero ni aquéllas (por filosóficas), ni éstas (por terrenales), harán peligrar de forma definitiva el hasta hace poco dominio del hipermercado. Las razones que advierten de la necesaria revisión de este formato son otras.
Las esperanzas que las empresas del sector habían puesto en que la adaptación de la Directiva de Servicios sirviera para poder acabar con la política de doble licencia, parece que eran injustificadas. Salvo sorpresas de última hora, las comunidades autónomas seguirán contando con una as bajo la manga para dar luz verde a los nuevos proyectos, lo que en la práctica supone que en este país va a seguir siendo complicado abrir nuevos hipermercados.
La fragmentación que el gran consumo viene experimentando se agudizará en los próximos años. En consecuencia, cada tipología de consumidor se identificará con un canal diferente o ‘picará’ de varios (híper, supermercado, supermercado de proximidad, tiendas de descuento duro, tiendas de conveniencia, comercio especializado, Interntet…), por lo que el híper deberá compartir cada vez más la tarta del gran consumo.
La cercanía es un factor clave para las necesidades del consumidor.Otro factor determinante, llega desde la propia sustancia del formato de hipermercado. Sus ubicaciones en los extrarradios urbanos exigen desplazamientos en vehículos privados (a partir de ahora más meditados) y que además son menos justificados para compras de menor tamaño. Además, sus grandes dimensiones y costes de mantenimiento exigen de grandes flujos de clientes, hoy más difíciles de conseguir.
Todo ello se suma a la eficiencia que en menor superficie de local están logrando los supermercados. La nueva gestión permite ofrecer un surtido competitivo que incluso abarca el producto textil básico y determinados enseres domésticos, con lo que su oferta cada vez se asemeja más a la del híper. Sin olvidar que estas empresas han desarrollado competentes plataformas logísticas y atractivas gamas de productos con marca del distribuidor.
Hasta aquí la descripción de un escenario que pone en tela de juicio la modernidad de uno de los símbolos de la sociedad del consumo. Es muy probable que el hipermercado consiga reinventarse para volver a ofrecer ventajas competitivas y factores diferenciales. Hasta que eso llegue, seguiremos viendo menos carritos y más cestas de la compra.
Fuente: Tormo.com